Siempre el asombro

Hugo Lindo Olivares (un país muy pequeño con gente muy pequeña, 1917-1985).

Hugo Lindo Olivares (un país muy pequeño, 1917-1985).

Acercarse a la obra poética de Hugo Lindo, sobre todo para quien lo hace por primera vez, es reconocer la buena salud que ha sido capaz de poseer, en mayor o menor grado, la literatura centroamericana a lo largo del siglo XX. Sobre todo, porque se trata de una obra construida a partir de un genuino ejercicio comprometido con la palabra.

Una palabra que forma parte indisoluble de una tradición literaria que, como expresara Octavio Paz, consta de dos condiciones fundamentales: por una parte, es continuidad, y por otra, es ruptura.

Hugo Lindo se nos revela, sobre todo a estos ojos, como un hito fundamental en la continuidad de esa tradición de la literatura salvadoreña, pero sobre todo como un poeta de un lirismo finamente moldeado e hilvanado a lo largo de cada uno de sus versos, cuyo eje central es, siempre, las emociones humanas, tal como suele serlo para la más representativa poesía de todos los tiempos.

Es, en síntesis, una obra fundamental, parte de una literatura de fundación, y paradigmática, por ser, como se puede vislumbrar a lo largo de sus textos, un modelo a seguir y un faro para iluminar el quehacer literario de las generaciones que le siguen en ese intrínseco relevo que nos exige el tiempo…

No en vano, constatamos aquí cómo se erige en una obra poseedora de una muy personal singularidad y, por supuesto, de un asombro.

Se ha dicho, durante estas jornadas de homenaje, que la poesía de Hugo Lindo hubiera tomado otra dimensión si el poeta, el escritor que hoy nos convoca en torno a su figura, no hubiera nacido aquí, en este pequeño territorio que nos acuna. Sin embargo, es necesario tener presente que toda obra es producto de una circunstancia y un espacio vital muy especiales que conforma el entorno del poeta, y por ello, sería razonable pensar que no hubiera sido la misma que hoy celebramos en este poeta y quizás no hubiese adquirido la misma dimensión que hoy tiene.

Pero si algo ha demostrado la poesía de Hugo Lindo es que podría verse como un solo y largo poema centrado no en los mundos imaginados que podrían encontrarse en la narrativa, sino en la absoluta realidad que hay en la vida misma y que se refleja en las preocupaciones, sueños y deseos del ser humano. He allí su autenticidad y su honestidad.

Es por ello que su obra sigue viva, es decir: vigente y fresca a la luz de los ojos de sus lectores, pues la muerte solo es tal cuando es amortajada por el polvo del olvido y, en el caso de Hugo Lindo, si bien conmemoramos veinticinco años de su partida, celebramos, ante todo, que sigue presente y cada vez más vivo en nosotros, no ya solo en el recuerdo amable de sus familiares, amigos o discípulos, sino a través de su poesía y todo el conjunto de su hacer literario, de su poderosísima palabra tallada en el mármol del tiempo y la memoria, pues es una poesía, en este caso, que ha logrado alcanzar las anheladas cotas que la conducen, indubitablemente, a tocar aquello a lo cual toda gran obra, al margen de los propios deseos del autor, aspira: lograr trascender al espacio temporal en que fue creada.

En el caso de Hugo Lindo, además, estamos ante una obra que es profusa, pero delicadamente construida, hecha con una disciplina que nos resulta inquebrantable y un compromiso absoluto del autor con el buen hacer literario. Es una obra labrada con paciencia que hoy nos es legada a sus lectores casi en su totalidad para que constatemos y nos reconozcamos plenamente en el espejo de este, a veces ingrato, pero también maravilloso oficio de escribir para alcanzar y transmitir la belleza, siempre ennoblecedora de nuestra vida y de nuestros pensamientos.

De allí, la vigencia y la fuerza que cobran hoy las palabras de Elizabeth Gamble Miller aparecidas en el primer tomo de Mañana será el asombro, cuando expresa:

“Cada palabra en la poesía de Hugo Lindo ha sido seleccionada por su máxima posibilidad evocadora, por la multiplicidad de niveles en su significado cósmico, poético o divino, por sus valores de ambigüedad o de sencillez.”

En ese sentido, la Secretaría de Cultura de la Presidencia, a través de la Dirección de Publicaciones e Impresos, ha considerado como un compromiso y un deber impostergable y necesario culminar este hermoso proyecto editorial que inició hace algunos años, en 2005 para ser precisos, con la publicación que hoy ve la luz en tan especial fecha conmemorativa, de este tercer y último tomo de Mañana será el asombro, proyecto editorial en el que hemos reunido la poesía completa, o mejor dicho: casi completa, de este escritor tutelar que es y continuará siendo Hugo Lindo.

Un tomo que, por demás, se nos hace imprescindible a todos sus lectores, pues es portador de muchas noticias y novedades, pero que es, a la vez, una reafirmación de todo lo que a lo largo de estas jornadas hemos ido apuntando y escuchando en torno a la figura de este autor tutelar en la literatura salvadoreña.

Las noticias giran en torno a la aparición de nuevos manuscritos del poeta, gracias a la donación de sus archivos que en 2007 hiciera su familia al Museo de la Palabra y la Imagen.

Allí nos encontramos con el hallazgo sorprendente —siempre el asombro— y valiosísimo de material inédito de este escritor nuestro, lo cual refresca y contribuye a comprender mejor la extraordinaria dimensión de su obra. Aparecieron allí, por ejemplo, algunos poemas iniciales, fechados en la década del 40 y mecanografiados por su padre, Óscar Lindo. Estos poemas, desconocidos para la mayoría, hoy ven la luz de una primera edición casi setenta años después.

De igual modo, aparecieron en esos archivos algunos poemas de la década del 80 que también se publican, en este tomo, por vez primera.

Esto hace que sea revelador, esencial e imprescindible este tercer tomo de Mañana será el asombro, y, en ese sentido, nuestro país debe estar agradecido a la familia del poeta, por la generosidad que han tenido de darle a todos los salvadoreños la posibilidad de seguir descubriendo en esos textos hasta hoy inéditos, la vastedad de la obra literaria de Hugo Lindo.

Finalmente, este tomo recoge lo que sin duda es, junto con Solo la voz y otros títulos que aquí se han mencionado con toda propiedad, la que podría considerarse como la pieza maestra del poeta: Desmesura, ese largo poema en el que Hugo Lindo recapitula sobre la vida de una manera profunda, filosófica y existencial, adentrándonos en el alma humana y en su esencia vital. Este fue su último gran aporte a las Letras salvadoreñas, pero, como toda su obra, un aporte cargado de universalidad y en el que confluyen asombro y sabiduría, dos de los maravillosos extremos de la vida.

Hoy, satisfechos de haber cumplido con nuestra misión de entregar al pueblo salvadoreño lo mejor de su literatura y de su hacer en las bellas artes y la cultura en general, la Secretaría de Cultura de la Presidencia, a través de su Dirección de Publicaciones e Impresos —la DPI—, le ofrece a El Salvador, algo que de hecho le pertenece, pues la poesía de Hugo Lindo es ya parte consustancial del alma nacional.

Muchas gracias…

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